El gato en el antiguo Egipto

Los favoritos de la Redacción<br /> Un animal doméstico que llegó a ser divinizado

15-nov-2009 Ximena Cuenca Figueroa

Conocer el pasado histórico de nuestras mascotas también es otra forma de demostrar interés por ellas. Esta es una breve semblanza del gato en el antiguo Egipto.

Los antiguos egipcios domesticaron a los gatos hace aproximadamente 4.000 años, cuando se percataron de que éstos mantenían limpios sus graneros de ratones, serpientes pequeñas y otras alimañas. Los gatos llegaron a granjearse a tal grado el afecto de sus dueños que su presencia se volvió común en las escenas funerarias de las familias egipcias. Fue así que el gato no tardó en ser honrado por los faraones y tiempo después, divinizado.

La llegada a Egipto de “miu”

Los egipcios se referían a los gatos con la onomatopeya miw o miu, en referencia a sus maullidos. Sobre la llegada de los miu a las tierras egipcias no existen datos concretos, aunque se cree que su relación con los hombres comenzó en la antigua región de Abu Simbel, al sur de Egipto. Estos gatos se presume que pertenecían a la subespecie Felis silvestris lybica o gato montés africano, y que su domesticación fue posible debido a que su tamaño es similar a la de un gato doméstico actual.

La expansión del gato al mundo fue posible gracias a los mercaderes, que pese a las severas penas egipcias contra el tráfico de estos animales, lograron llegar con la especie a Palestina y Creta alrededor del año 1.700 a.c. Aunque en dichas zonas fueron vistos como animales exóticos, su capacidad de adaptación les permitió sobrevivir en medio del rechazo general. De dicha forma, llegaron a las culturas romana y griega, y para finales del siglo IX a.c., los gatos ya habían sido adoptados como mascota de la vida cotidiana en Europa y Asia.

La presencia de “miu” en los hogares egipcios

De todos los animales domésticos del antiguo Egipto, el gato fue el más preciado, pues los hombres consiguieron entrenarlos para la cacería ritual de pájaros en la que el gato espantaba a las aves y los cazadores les daban muerte con sus armas; por otra parte, en los hogares se les daba mayor libertad para ir y venir a voluntad hasta que decidieran tener a sus crías en la calidez de un hogar humano. Los egipcios adoraron tanto a los gatos que casi todos los hogares tuvieron un miu como mascota, bajo la creencia de que estos animales les traían bendiciones a sus dueños.

Cuando un felino moría la familia entera se vestía de luto. Posteriormente, el cadáver de miu era llevado a momificar con el mismo cuidado que se le daba a los cuerpos de los seres humanos. El cortejo fúnebre de miu continuaba con un sarcófago y una máscara de bronce que sólo las familias ricas podían mandar a hacer. Por último, la familia más otros parientes, llevaban a miu al cementerio donde depositaban sus restos.

La necrópolis de gatos más grande de todo Egipto se ubicó en Bubastis, hacia la zona oriental del Delta del Nilo. Esta ciudad se convirtió en el principal centro de culto para la diosa Bastet o Bast (equiparada a la diosa Artemisa de la cultura griega), y cuyo animal sagrado era el gato.

Los faraones honran a “miu”

Pronto, los gatos llegaron a las casas faraónicas, donde igualmente eran tratados con veneración y respeto. Parte de dicho fervor se desprendió del papel que se le atribuyó al gato en el cruce con la muerte, y es que los faraones confiaron en los gatos como su pasaporte a la vida eterna. Por dicho motivo, se hacía momificar un gato junto al faraón.

Una gata célebre fue la del príncipe Tutmosis (primogénito de Amenhotep III) que al morir fue momificada con los más altos honores y además gozó de tener grabados en su sarcófago a los dioses Isis, Neftis y los cuatro hijos de Horus. Actualmente, el sarcófago de la gata Tamit se encuentra en el Museo del Cairo y maravilla a los visitantes por su excepcional estado de conservación.

El gato: dios del pueblo encarnado en Bastet

Una de las diosas más populares del pueblo egipcio fue la gata Bastet, cuyo culto ya se tiene documentado desde el Bajo Egipto (siglos VIII-IV a.c). Bastet, que representaba a la maternidad y el hogar, era el lado dócil de la temible leona Sekhmet. Tanto Bastet como Sekhmet eran diferentes manifestaciones de Hathor, la diosa del amor y la música.

No obstante, pese el amor que los egipcios le prodigaban a los felinos, los gatos que vivían en los templos dedicados a Bastet no corrían con tanta suerte como los de casa, pues vivían en jaulas de madera hasta que eran sacrificados, momificados e inhumados en sarcófagos que aludían a su figura.

Pese a tal costumbre, los egipcios trataron con sabiduría y devoción a sus mascotas felinas, algo que no haría el cristianismo siglos después, cuando comenzara a perseguirlos como supuesto animal del demonio.

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Comentarios

02-mar-2010 6:21
Invitad@ :
los gatos son hermosos
1 Comentario:
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